Vencer al enemigo

Se cuenta que cierto emperador chino, cuando le avisaron que en una de las provincias de su imperio había una insurrección, dijo a los ministros de su gobierno y a los jefes militares que lo rodeaban: “Pronto destruiré a mis enemigos”.

Cuando el emperador y sus tropas llegaron a donde estaban los rebeldes, él trató afablemente a éstos, quienes, por gratitud, se sometieron a él de nuevo.

Todos los que formaban el séquito del emperador pensaron que él ordenaría la inmediata ejecución de todos aquellos que se habían sublevado contra él; pero se sorprendieron en gran manera al ver que el emperador trataba humanitariamente y hasta con cariño a quienes habían sido rebeldes. 

Entonces el primer ministro preguntó con enojo al emperador: 

– ¿De esta manera cumple su Excelencia su promesa? Dijiste que veníamos a destruir a nuestros enemigos. Los has perdonado a todos, y a muchos hasta con cariño los has tratado.

Entonces el emperador, con actitud generosa, dijo:

-Les prometí destruir a mis enemigos; y todos ustedes ven que ya nadie es enemigo mío, a todos los he hecho mis amigos. 

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, la gracia de vivir fieles al Señor, vivir conforme a sus enseñanzas, escuchando su Palabra y poniéndola en práctica mediante un gran amor tanto a Dios como a nuestro prójimo. 

Oremos muy especialmente hoy por nuestros amigos y sus familias.

Se ha dicho siempre que la mejor forma de vencer al enemigo es haciéndole amigo. Pidamos por los que nos rechazan.

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